domingo, 24 de febrero de 2013

La vaca - Wimpi


El animal al que más se parece el tipo... es el mono. Pero el animal al que más debería parecerse es, sin duda alguna, a la vaca.

Si la vaca pudiera expresar sus conocimientos, asistiríamos a uno de los espectáculos más completos que pudieran tenerse de las cosas de este mundo. Los detalles del comportamiento de la vaca integran una contrafigura terminante de la improvisación. La vaca mira al tren lentamente, desde que lo ve aparecer hasta que lo pierde de vista, y mira, lentamente, al mismo tiempo, al viajero que se acerca a la costa del alambrado.

La vaca mira siguiendo directivas personalísimas, con una mirada de consistencia líquida, inyectable y abarcante. La vaca... es un ejemplo de formalidad. (...)

(...) Y después está el caso de la ostra. Siendo todavía muy pequeña, la ostra flota en la superficie del agua con la apariencia de un trocito de gelatina y sin valva alguna aún que la recubra.

Pero en cuanto, pasado el tiempo, la valva comienza a formarse, la ostra se sumerge y va a yacer en el fondo. Allí se pega a una roca y se dispone a vivir dejando que el agua le entre para alimentarse con los pequeños cuerpos que arrastra. A veces, junto con los cuerpos útiles, se introducen entre las valvas otros que solo sirven para causar molestias, como granos de arena, huevecitos de peces u otras cosas así.

Al sentirse incómoda por alguna de ellas, la ostra trata de expulsarla. Pero cuando no puede, se enoja, lo mismo que el tipo cuando no puede... Solo que la ostra comienza a segregar una materia muy fina, muy suave, con la que va envolviendo al objeto para hacerlo inofensivo. Y cuando el objeto ha sido envuelto, está transformado en una perla.

Decididamente, el tipo, que da el puñetazo sobre la mesa, el portazo a la puerta, el puntapié al perro, la mala contestación al inocente, debería aprovechar cualquier fugaz momento de lucidez para reconocer que tendría que mandarle a la ostra, por lo menos, una tarjeta de felicitación.







Wimpi, seudónimo de Arthur García Núñez, periodista y narrador uruguayo, nacido en 1906 en Montevideo y fallecido en Buenos Aires en 1956. Trabajó en los diarios El Plata y El Imparcial y en la revista humorística Peloduro. La masiva difusión se la dio la radio donde decía sus incisivos textos. Asimismo hizo libretos para actores.

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