CANTO V
Así bajé del círculo primero
al segundo que menos lugar ciñe, 2
y tanto más dolor, que al llanto mueve. 3
Allí el horrible Minos rechinaba. 4
A la entrada examina los pecados;
juzga y ordena según se relíe. 6
Digo que cuando un alma mal nacida
llega delante, todo lo confiesa;
y aquel conocedor de los pecados 9
ve el lugar del infierno que merece:
tantas veces se ciñe con la cola,
cuantos grados él quiere que sea echada. 12
Siempre delante de él se encuentran muchos;
van esperando cada uno su juicio,
hablan y escuchan, después las arrojan. 15
«Oh tú que vienes al doloso albergue
-me dijo Minos en cuanto me vio,
dejando el acto de tan alto oficio-; 18
mira cómo entras y de quién te fías:
no te engañe la anchura de la entrada.»
Y mi guía: «¿Por qué le gritas tanto? 21
No le entorpezcas su fatal camino;
así se quiso allí donde se puede
lo que se quiere, y más no me preguntes.» 24
Ahora comienzan las dolientes notas
a hacérseme sentir; y llego entonces
allí donde un gran llanto me golpea. 27
Llegué a un lugar de todas luces mudo,
que mugía cual mar en la tormenta,
si los vientos contrarios le combaten. 30
La borrasca infernal, que nunca cesa,
en su rapiña lleva a los espíritus;
volviendo y golpeando les acosa. 33
Cuando llegan delante de la ruina,
allí los gritos, el llanto, el lamento;
allí blasfeman del poder divino. 36
Comprendí que a tal clase de martirio
los lujuriosos eran condenados,
que la razón someten al deseo. 39
Y cual los estorninos forman de alas
en invierno bandada larga y prieta,
así aquel viento a los malos espiritus: 42
arriba, abajo, acá y allí les lleva;
y ninguna esperanza les conforta,
no de descanso, mas de menor pena. 45
Y cual las grullas cantando sus lays
largas hileras hacen en el aire,
así las vi venir lanzando ayes, 48
a las sombras llevadas por el viento.
Y yo dije: «Maestro, quién son esas
gentes que el aire negro así castiga?» 51
«La primera de la que las noticias
quieres saber --me dijo aquel entoncesfue
emperatriz sobre muchos idiomas. 54
Se inclinó tanto al vicio de lujuria,
que la lascivia licitó en sus leyes,
para ocultar el asco al que era dada: 57
Semíramis es ella, de quien dicen 58
que sucediera a Nino y fue su esposa:
mandó en la tierra que el sultán gobierna. 60
Se mató aquella otra, enamorada, 61
traicionando el recuerdo de Siqueo;
la que sigue es Cleopatra lujuriosa. 63
A Elena ve, por la que tanta víctima 64
el tiempo se llevó, y ve al gran Aquiles 65
que por Amor al cabo combatiera; 66
ve a Paris, a Tristán.» Y a más de mil 67
sombras me señaló, y me nombró, a dedo,
que Amor de nuestra vida les privara. 69
Y después de escuchar a mi maestro
nombrar a antiguas damas y caudillos,
les tuve pena, y casi me desmayo. 72
Yo comencé: «Poeta, muy gustoso 73
hablaría a esos dos que vienen juntos
y parecen al viento tan ligeros.» 75
Y él a mí: «Los verás cuando ya estén
más cerca de nosotros; si les ruegas
en nombre de su amor, ellos vendrán.» 78
Tan pronto como el viento allí los trajo
alcé la voz: «Oh almas afanadas,
hablad, si no os lo impiden, con nosotros.» 81
Tal palomas llamadas del deseo,
al dulce nido con el ala alzada,
van por el viento del querer llevadas, 84
ambos dejaron el grupo de Dido 85
y en el aire malsano se acercaron,
tan fuerte fue mi grito afectuoso: 87
«Oh criatura graciosa y compasiva
que nos visitas por el aire perso 89
a nosotras que el mundo ensangrentamos; 90
si el Rey del Mundo fuese nuestro amigo
rogaríamos de él tu salvación,
ya que te apiada nuestro mal perverso. 93
De lo que oír o lo que hablar os guste,
nosotros oiremos y hablaremos
mientras que el viento, como ahora, calle. 96
La tierra en que nací está situada
en la Marina donde el Po desciende
y con sus afluentes se reúne. 99
Amor, que al noble corazón se agarra,
a éste prendió de la bella persona
que me quitaron; aún me ofende el modo. 102
Amor, que a todo amado a amar le obliga, 103
prendió por éste en mí pasión tan fuerte 104
que, como ves, aún no me abandona. 105
El Amor nos condujo a morir juntos,
y a aquel que nos mató Caína espera.» 107
Estas palabras ellos nos dijeron. 108
Cuando escuché a las almas doloridas
bajé el rostro y tan bajo lo tenía,
que el poeta me dijo al fin: «tQué piensas?» 111
Al responderle comencé: «Qué pena,
cuánto dulce pensar, cuánto deseo,
a éstos condujo a paso tan dañoso.» 114
Después me volví a ellos y les dije,
y comencé: «Francesca, tus pesares
llorar me hacen triste y compasivo; 117
dime, en la edad de los dulces suspiros
¿cómo o por qué el Amor os concedió
que conocieses tan turbios deseos?» 120
Y repuso: «Ningún dolor más grande
que el de acordarse del tiempo dichoso
en la desgracia; y tu guía lo sabe. 123
Mas si saber la primera raíz
de nuestro amor deseas de tal modo,
hablaré como aquel que llora y habla: 126
Leíamos un día por deleite,
cómo hería el amor a Lanzarote; 128
solos los dos y sin recelo alguno. 129
Muchas veces los ojos suspendieron
la lectura, y el rostro emblanquecía,
pero tan sólo nos venció un pasaje. 132
Al leer que la risa deseada 133
era besada por tan gran amante,
éste, que de mí nunca ha de apartarse, 135
la boca me besó, todo él temblando.
Galeotto fue el libro y quien lo hizo;
no seguimos leyendo ya ese día.» 138
Y mientras un espiritu así hablaba,
lloraba el otro, tal que de piedad
desfallecí como si me muriese; 141
y caí como un cuerpo muerto cae.
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jueves, 17 de abril de 2008
Literatura 5to año - Dante Alighieri "La Divina Comedia - Infierno - Canto V"
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Literatura 5to año - Dante Alighieri "La Divina Comedia - Infierno - Canto III"
CANTO III
POR MÍ SE VA HASTA LA CIUDAD DOLIENTE,
POR MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO,
POR MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA. 3
LA JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO.
HÍZOME LA DIVINA POTESTAD,
EL SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO. 6
ANTES DE MÍ NO FUE COSA CREADA
SINO LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE.
DEJAD, LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA. 9
Estas palabras de color oscuro
vi escritas en lo alto de una puerta;
y yo: «Maestro, es grave su sentido.» 12
Y, cual persona cauta, él me repuso:
«Debes aquí dejar todo recelo;
debes dar muerte aquí a tu cobardía. 15
Hemos llegado al sitio que te he dicho
en que verás las gentes doloridas,
que perdieron el bien del intelecto.» 18
Luego tomó mi mano con la suya
con gesto alegre, que me confortó,
y en las cosas secretas me introdujo. 21
Allí suspiros, llantos y altos ayes
resonaban al aiire sin estrellas,
y yo me eché a llorar al escucharlo. 24
Diversas lenguas, hórridas blasfemias,
palabras de dolor, acentos de ira,
roncos gritos al son de manotazos, 27
un tumulto formaban, el cual gira
siempre en el aiire eternamente oscuro,
como arena al soplar el torbellino. 30
Con el terror ciñendo mi cabeza
dije: «Maestro, qué es lo que yo escucho,
y quién son éstos que el dolor abate?» 33
Y él me repuso: «Esta mísera suerte
tienen las tristes almas de esas gentes
que vivieron sin gloria y sin infamia. 36
Están mezcladas con el coro infame
de ángeles que no se rebelaron,
no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. 39
Los echa el cielo, porque menos bello
no sea, y el infierno los rechaza,
pues podrían dar gloria a los caídos.» 42
Y yo: «Maestro, ¿qué les pesa tanto
y provoca lamentos tan amargos?»
Respondió: «Brevemente he de decirlo. 45
No tienen éstos de muerte esperanza,
y su vida obcecada es tan rastrera,
que envidiosos están de cualquier suerte. 48
Ya no tiene memoria el mundo de ellos,
compasión y justicia les desdeña;
de ellos no hablemos, sino mira y pasa.» 51
Y entonces pude ver un estandarte,
que corría girando tan ligero,
que parecía indigno de reposo. 54
Y venía detrás tan larga fila
de gente, que creído nunca hubiera
que hubiese a tantos la muerte deshecho. 57
Y tras haber reconocido a alguno,
vi y conocí la sombra del que hizo
por cobardía aquella gran renuncia. 60
Al punto comprendí, y estuve cierto,
que ésta era la secta de los reos
a Dios y a sus contrarios displacientes. 63
Los desgraciados, que nunca vivieron,
iban desnudos y azuzados siempre
de moscones y avispas que allí había. 66
Éstos de sangre el rostro les bañaban,
que, mezclada con llanto, repugnantes
gusanos a sus pies la recogían. 69
Y luego que a mirar me puse a otros,
vi gentes en la orilla de un gran río
y yo dije: «Maestro, te suplico 72
que me digas quién son, y qué designio
les hace tan ansiosos de cruzar
como discierno entre la luz escasa.» 75
Y él repuso: «La cosa he de contarte
cuando hayamos parado nuestros pasos
en la triste ribera de Aqueronte.» 78
Con los ojos ya bajos de vergüenza,
temiendo molestarle con preguntas
dejé de hablar hasta llegar al río. 81
Y he aquí que viene en bote hacia nosotros
un viejo cano de cabello antiguo, 83
gritando: «¡Ay de vosotras, almas pravas! 84
No esperéis nunca contemplar el cielo;
vengo a llevaros hasta la otra orilla,
a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego. 87
Y tú que aquí te encuentras, alma viva,
aparta de éstos otros ya difuntos.»
Pero viendo que yo no me marchaba, 90
dijo: «Por otra via y otros puertos
a la playa has de ir, no por aquí;
más leve leño tendrá que llevarte». 93
Y el guía a él: «Caronte, no te irrites:
así se quiere allí donde se puede
lo que se quiere, y más no me preguntes.» 96
Las peludas mejillas del barquero
del lívido pantano, cuyos ojos
rodeaban las llamas, se calmaron. 99
Mas las almas desnudas y contritas,
cambiaron el color y rechinaban,
cuando escucharon las palabras crudas. 102
Blasfemaban de Dios y de sus padres,
del hombre, el sitio, el tiempo y la simiente
que los sembrara, y de su nacimiento. 105
Luego se recogieron todas juntas,
llorando fuerte en la orilla malvada
que aguarda a todos los que a Dios no temen. 108
Carón, demonio, con ojos de fuego,
llamándolos a todos recogía;
da con el remo si alguno se atrasa. 111
Como en otoño se vuelan las hojas
unas tras otras, hasta que la rama
ve ya en la tierra todos sus despojos, 114
de este modo de Adán las malas siembras
se arrojan de la orilla de una en una,
a la señal, cual pájaro al reclamo. 117
Así se fueron por el agua oscura,
y aún antes de que hubieran descendido
ya un nuevo grupo se había formado. 120
«Hijo mío -cortés dijo el maestro
los que en ira de Dios hallan la muerte
llegan aquí de todos los países: 123
y están ansiosos de cruzar el río,
pues la justicia santa les empuja,
y así el temor se transforma en deseo. 126
Aquí no cruza nunca un alma justa,
por lo cual si Carón de ti se enoja,
comprenderás qué cosa significa.» 129
Y dicho esto, la región oscura
tembló con fuerza tal, que del espanto
la frente de sudor aún se me baña. 132
La tierra lagrimosa lanzó un viento
que hizo brillar un relámpago rojo
y, venciéndome todos los sentidos, 135
me caí como el hombre que se duerme.
POR MÍ SE VA HASTA LA CIUDAD DOLIENTE,
POR MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO,
POR MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA. 3
LA JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO.
HÍZOME LA DIVINA POTESTAD,
EL SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO. 6
ANTES DE MÍ NO FUE COSA CREADA
SINO LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE.
DEJAD, LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA. 9
Estas palabras de color oscuro
vi escritas en lo alto de una puerta;
y yo: «Maestro, es grave su sentido.» 12
Y, cual persona cauta, él me repuso:
«Debes aquí dejar todo recelo;
debes dar muerte aquí a tu cobardía. 15
Hemos llegado al sitio que te he dicho
en que verás las gentes doloridas,
que perdieron el bien del intelecto.» 18
Luego tomó mi mano con la suya
con gesto alegre, que me confortó,
y en las cosas secretas me introdujo. 21
Allí suspiros, llantos y altos ayes
resonaban al aiire sin estrellas,
y yo me eché a llorar al escucharlo. 24
Diversas lenguas, hórridas blasfemias,
palabras de dolor, acentos de ira,
roncos gritos al son de manotazos, 27
un tumulto formaban, el cual gira
siempre en el aiire eternamente oscuro,
como arena al soplar el torbellino. 30
Con el terror ciñendo mi cabeza
dije: «Maestro, qué es lo que yo escucho,
y quién son éstos que el dolor abate?» 33
Y él me repuso: «Esta mísera suerte
tienen las tristes almas de esas gentes
que vivieron sin gloria y sin infamia. 36
Están mezcladas con el coro infame
de ángeles que no se rebelaron,
no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. 39
Los echa el cielo, porque menos bello
no sea, y el infierno los rechaza,
pues podrían dar gloria a los caídos.» 42
Y yo: «Maestro, ¿qué les pesa tanto
y provoca lamentos tan amargos?»
Respondió: «Brevemente he de decirlo. 45
No tienen éstos de muerte esperanza,
y su vida obcecada es tan rastrera,
que envidiosos están de cualquier suerte. 48
Ya no tiene memoria el mundo de ellos,
compasión y justicia les desdeña;
de ellos no hablemos, sino mira y pasa.» 51
Y entonces pude ver un estandarte,
que corría girando tan ligero,
que parecía indigno de reposo. 54
Y venía detrás tan larga fila
de gente, que creído nunca hubiera
que hubiese a tantos la muerte deshecho. 57
Y tras haber reconocido a alguno,
vi y conocí la sombra del que hizo
por cobardía aquella gran renuncia. 60
Al punto comprendí, y estuve cierto,
que ésta era la secta de los reos
a Dios y a sus contrarios displacientes. 63
Los desgraciados, que nunca vivieron,
iban desnudos y azuzados siempre
de moscones y avispas que allí había. 66
Éstos de sangre el rostro les bañaban,
que, mezclada con llanto, repugnantes
gusanos a sus pies la recogían. 69
Y luego que a mirar me puse a otros,
vi gentes en la orilla de un gran río
y yo dije: «Maestro, te suplico 72
que me digas quién son, y qué designio
les hace tan ansiosos de cruzar
como discierno entre la luz escasa.» 75
Y él repuso: «La cosa he de contarte
cuando hayamos parado nuestros pasos
en la triste ribera de Aqueronte.» 78
Con los ojos ya bajos de vergüenza,
temiendo molestarle con preguntas
dejé de hablar hasta llegar al río. 81
Y he aquí que viene en bote hacia nosotros
un viejo cano de cabello antiguo, 83
gritando: «¡Ay de vosotras, almas pravas! 84
No esperéis nunca contemplar el cielo;
vengo a llevaros hasta la otra orilla,
a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego. 87
Y tú que aquí te encuentras, alma viva,
aparta de éstos otros ya difuntos.»
Pero viendo que yo no me marchaba, 90
dijo: «Por otra via y otros puertos
a la playa has de ir, no por aquí;
más leve leño tendrá que llevarte». 93
Y el guía a él: «Caronte, no te irrites:
así se quiere allí donde se puede
lo que se quiere, y más no me preguntes.» 96
Las peludas mejillas del barquero
del lívido pantano, cuyos ojos
rodeaban las llamas, se calmaron. 99
Mas las almas desnudas y contritas,
cambiaron el color y rechinaban,
cuando escucharon las palabras crudas. 102
Blasfemaban de Dios y de sus padres,
del hombre, el sitio, el tiempo y la simiente
que los sembrara, y de su nacimiento. 105
Luego se recogieron todas juntas,
llorando fuerte en la orilla malvada
que aguarda a todos los que a Dios no temen. 108
Carón, demonio, con ojos de fuego,
llamándolos a todos recogía;
da con el remo si alguno se atrasa. 111
Como en otoño se vuelan las hojas
unas tras otras, hasta que la rama
ve ya en la tierra todos sus despojos, 114
de este modo de Adán las malas siembras
se arrojan de la orilla de una en una,
a la señal, cual pájaro al reclamo. 117
Así se fueron por el agua oscura,
y aún antes de que hubieran descendido
ya un nuevo grupo se había formado. 120
«Hijo mío -cortés dijo el maestro
los que en ira de Dios hallan la muerte
llegan aquí de todos los países: 123
y están ansiosos de cruzar el río,
pues la justicia santa les empuja,
y así el temor se transforma en deseo. 126
Aquí no cruza nunca un alma justa,
por lo cual si Carón de ti se enoja,
comprenderás qué cosa significa.» 129
Y dicho esto, la región oscura
tembló con fuerza tal, que del espanto
la frente de sudor aún se me baña. 132
La tierra lagrimosa lanzó un viento
que hizo brillar un relámpago rojo
y, venciéndome todos los sentidos, 135
me caí como el hombre que se duerme.
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Literatura 5to año - Dante Alighieri "La Divina Comedia - Infierno - Canto I"
Canto I – Infierno
Al promediar la senda de la vida
Me hallé de pronto en una selva oscura,
Pues había extraviado el buen camino.
Ah, ¡qué difícil es decir cómo era
Esa selva salvaje, áspera y fuerte
Que el pavor al pensarlo me renueva!
Amarga es casi como lo es la muerte:
Mas para hablar del bien que allí encontré,
Diré las otras cosas que yo viera.
Yo no sé bien cómo entré en ella,
Tanto sueño tenía en el momento
En que perdí el camino verdadero.
Mas al llegar al pie de una colina,
Allí donde aquel valle terminaba
Que el corazón de horror me compungiera,
Miré a lo alto y vislumbré su espalda
Vestida de los rayos del planeta
Que a todos lleva bien por cualquier senda.
Un poco entonces se aquietó el espanto
Que me durara un torno al corazón
La noche que pasé con tanta angustia.
Y como quien con afanoso aliento,
Saliendo al fin del piélago a la orilla,
Se vuelve al agua peligrosa y mira,
Así mi alma, que aún estaba huyendo,
Se volvió atrás para mirar el paso
Del que jamás salió persona viva.
Cuando hube dado al cuerpo algún descanso,
Me encaminé por la falda desierta
De modo que el pie firme era el más bajo.
De pronto, casi al comenzar la cuesta,
A una onza encontré, liviana y ágil,
Que de manchado pelo iba cubierta.
Ella no se apartaba de mi vista,
Antes tanto estorbaba mi camino
Que por volverme estuve muchas veces.
Era el momento en que empezaba el día
Y estaba el sol subiendo con los astros
Que iban con él cuando el amor divino
Movió primero aquellas cosas bellas;
Así que la hora y la estación tan dulce
Me hicieron esperar que ningún daño
La fiera de vistosa piel me haría:
Mas no tanto que miedo no me diera
La súbita presencia de un león,
Que pareció que contra mí viniese
Alta la testa y con hambre rabiosa,
Tal que el aire temerlo parecía,
Y de una loba que toda codicia
Diríase cargaba en su flacura
Y que tantos vivir hizo en penurias:
Ésta me hizo sentir tan deprimido
Con el terror que me infundió su vista,
Que perdí la esperanza de la altura.
Y como aquel que atesora riquezas,
Cuando llega el momento de perderlas,
En todo su pensar se aflige y llora,
Así me hizo aquella bestia inquieta
Que viniendo a mi encuentro, poco a poco,
Me iba empujando allá donde el sol calla.
Cuando hacia abajo ya me despeñaba,
Ante los ojos se me apareció
Quien por mucho callar parecía ronco.
Cuando lo vi en aquel gran desierto,
“Miserere de mí”! yo le grité
“ya seas sombra u hombre verdadero”.
Me respondió: “Hombre no, hombre ya fui
Y los padres que tuve eran lombardos;
Mantua tuvieron por patria los dos.
Nací sub Julio aunque fuese tarde
Y viví en Roma bajo el buen Augusto,
Cuando los falsos dioses mentirosos.
Poeta fui, y canté de aquel justo
Hijo de Anquises, que vino de Troya
Después que Ilión soberbia fue incendiada.
Pero tú ¿por qué vuelves a esa angustia?
¿Por qué no subes al gozoso monte
Que es principio y razón de toda dicha?”
“Eres tú aquel Virgilio, aquella fuente
Que derrama de hablar tan ancho río?”
Le respondí con vergonzosa frente.
“¡Oh luz y honor de los demás poetas,
Válganme el largo estudio y el amor
Que me hicieron hurgar en tu volumen!
Tú mi maestro eres y mi autor:
Tú solo eres aquel de quien tomé
El bello estilo que me ha dado honor.
Mira la bestia que volver me hizo:
Protégeme de ella, sabio ilustre,
Pues me hace temblar venas y pulsos”.
“Tú tienes que seguir otro camino
_me contestó cuando me vio lloroso_
Para escapar de este lugar salvaje;
Porque esta bestia por la cual tu gritas
No deja a otro andar por su camino,
Mas se le opone al punto de matarlo
Y es de su natural tan mala y fiera,
Que nunca satisface su codicia
Y después de comer tiene más hambre.
Con muchos animales se amanceba;
Con más aún lo hará, mientras no venga
El Lebrel que le dé penosa muerte.
Este no comerá tierra ni peltre,
Sino virtud, amor, sabiduría,
Y nacerá entre uno y otro fieltro.
Ha de salvar a aquella Italia humilde
Por la que Euríalo y Turno y Niso, heridos,
Y la virgen Camila perecieron.
Él la perseguirá de villa en villa
Y la pondrá de nuevo en el infierno,
De donde antaño la soltó la envidia.
Yo por tu salvación pienso que debas
Seguir mis pasos; yo seré tu guía.
De aquí saldremos al lugar eterno,
Donde oirás un clamor desesperado
Y a las antiguas almas dolorosas
Verás que lloran su segunda muerte.
Luego verás a los que contentos
En el fuego, pues piensan algún día
Poder ganar la bienaventuranza.
Por fin, si a los beatos llegar quieres,
Un alma te guiará, más que yo digna:
Con ella quedarás cuando te deje,
Pues el emperador que arriba reina
No me concede a su ciudad acceso,
Porque yo en vida no observé su ley.
Impera en todas partes, allí reina.
Allí está su ciudad, allí su trono.
¡Feliz aquel a quien allí elige!”
Y yo a él: “Poeta, te suplico,
Por aquel Dios a quien no conociste,
Para huir de estos y aún peores males,
Que me lleves adonde tú dijiste
Y yo vea la puerta de San Pedro
Y a quienes muestras tan desventurados”.
Entonces echó a andar; yo le seguí.
Al promediar la senda de la vida
Me hallé de pronto en una selva oscura,
Pues había extraviado el buen camino.
Ah, ¡qué difícil es decir cómo era
Esa selva salvaje, áspera y fuerte
Que el pavor al pensarlo me renueva!
Amarga es casi como lo es la muerte:
Mas para hablar del bien que allí encontré,
Diré las otras cosas que yo viera.
Yo no sé bien cómo entré en ella,
Tanto sueño tenía en el momento
En que perdí el camino verdadero.
Mas al llegar al pie de una colina,
Allí donde aquel valle terminaba
Que el corazón de horror me compungiera,
Miré a lo alto y vislumbré su espalda
Vestida de los rayos del planeta
Que a todos lleva bien por cualquier senda.
Un poco entonces se aquietó el espanto
Que me durara un torno al corazón
La noche que pasé con tanta angustia.
Y como quien con afanoso aliento,
Saliendo al fin del piélago a la orilla,
Se vuelve al agua peligrosa y mira,
Así mi alma, que aún estaba huyendo,
Se volvió atrás para mirar el paso
Del que jamás salió persona viva.
Cuando hube dado al cuerpo algún descanso,
Me encaminé por la falda desierta
De modo que el pie firme era el más bajo.
De pronto, casi al comenzar la cuesta,
A una onza encontré, liviana y ágil,
Que de manchado pelo iba cubierta.
Ella no se apartaba de mi vista,
Antes tanto estorbaba mi camino
Que por volverme estuve muchas veces.
Era el momento en que empezaba el día
Y estaba el sol subiendo con los astros
Que iban con él cuando el amor divino
Movió primero aquellas cosas bellas;
Así que la hora y la estación tan dulce
Me hicieron esperar que ningún daño
La fiera de vistosa piel me haría:
Mas no tanto que miedo no me diera
La súbita presencia de un león,
Que pareció que contra mí viniese
Alta la testa y con hambre rabiosa,
Tal que el aire temerlo parecía,
Y de una loba que toda codicia
Diríase cargaba en su flacura
Y que tantos vivir hizo en penurias:
Ésta me hizo sentir tan deprimido
Con el terror que me infundió su vista,
Que perdí la esperanza de la altura.
Y como aquel que atesora riquezas,
Cuando llega el momento de perderlas,
En todo su pensar se aflige y llora,
Así me hizo aquella bestia inquieta
Que viniendo a mi encuentro, poco a poco,
Me iba empujando allá donde el sol calla.
Cuando hacia abajo ya me despeñaba,
Ante los ojos se me apareció
Quien por mucho callar parecía ronco.
Cuando lo vi en aquel gran desierto,
“Miserere de mí”! yo le grité
“ya seas sombra u hombre verdadero”.
Me respondió: “Hombre no, hombre ya fui
Y los padres que tuve eran lombardos;
Mantua tuvieron por patria los dos.
Nací sub Julio aunque fuese tarde
Y viví en Roma bajo el buen Augusto,
Cuando los falsos dioses mentirosos.
Poeta fui, y canté de aquel justo
Hijo de Anquises, que vino de Troya
Después que Ilión soberbia fue incendiada.
Pero tú ¿por qué vuelves a esa angustia?
¿Por qué no subes al gozoso monte
Que es principio y razón de toda dicha?”
“Eres tú aquel Virgilio, aquella fuente
Que derrama de hablar tan ancho río?”
Le respondí con vergonzosa frente.
“¡Oh luz y honor de los demás poetas,
Válganme el largo estudio y el amor
Que me hicieron hurgar en tu volumen!
Tú mi maestro eres y mi autor:
Tú solo eres aquel de quien tomé
El bello estilo que me ha dado honor.
Mira la bestia que volver me hizo:
Protégeme de ella, sabio ilustre,
Pues me hace temblar venas y pulsos”.
“Tú tienes que seguir otro camino
_me contestó cuando me vio lloroso_
Para escapar de este lugar salvaje;
Porque esta bestia por la cual tu gritas
No deja a otro andar por su camino,
Mas se le opone al punto de matarlo
Y es de su natural tan mala y fiera,
Que nunca satisface su codicia
Y después de comer tiene más hambre.
Con muchos animales se amanceba;
Con más aún lo hará, mientras no venga
El Lebrel que le dé penosa muerte.
Este no comerá tierra ni peltre,
Sino virtud, amor, sabiduría,
Y nacerá entre uno y otro fieltro.
Ha de salvar a aquella Italia humilde
Por la que Euríalo y Turno y Niso, heridos,
Y la virgen Camila perecieron.
Él la perseguirá de villa en villa
Y la pondrá de nuevo en el infierno,
De donde antaño la soltó la envidia.
Yo por tu salvación pienso que debas
Seguir mis pasos; yo seré tu guía.
De aquí saldremos al lugar eterno,
Donde oirás un clamor desesperado
Y a las antiguas almas dolorosas
Verás que lloran su segunda muerte.
Luego verás a los que contentos
En el fuego, pues piensan algún día
Poder ganar la bienaventuranza.
Por fin, si a los beatos llegar quieres,
Un alma te guiará, más que yo digna:
Con ella quedarás cuando te deje,
Pues el emperador que arriba reina
No me concede a su ciudad acceso,
Porque yo en vida no observé su ley.
Impera en todas partes, allí reina.
Allí está su ciudad, allí su trono.
¡Feliz aquel a quien allí elige!”
Y yo a él: “Poeta, te suplico,
Por aquel Dios a quien no conociste,
Para huir de estos y aún peores males,
Que me lleves adonde tú dijiste
Y yo vea la puerta de San Pedro
Y a quienes muestras tan desventurados”.
Entonces echó a andar; yo le seguí.
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Literatura 5to año - Estructura formal de la Divina Comedia
La Divina Comedia: estructura
La Comedia, conocida desde el siglo XVI bajo el título de "La Divina Comedia", es un extenso poema escrito por Dante en lengua vulgar, abarcando un total de 14.333 versos, obra máxima de la literatura italiana y cuyas primeras ediciones se remontan a 1472.
Al dedicar su obra al jefe gibelino de Verona, Cangrande della Scala, Dante escribió: "Incipit Comedia Dantis Alighieri florentini, natione non moribus" (Aquí comienza la Comedia de Dante Alighieri, florentino de origen pero no de costumbres), lo que muestra bien a las claras que el autor denominó únicamente "Comedia" a su obra; fueron sus admiradores posteriores los que agregan el calificativo de "Divina" refiriéndose a su calidad estética así como a su sustancia religiosa; se atribuye a Bocaccio la inclusión de este adjetivo, quizás por ser él el primer titular de la cátedra abierta en Florencia cuyo único objetivo era profundizar en la dantesca, pero de hecho este escritor ya recibe la obra con el título que le impuso la tradición. "Comedia" es uno de los subgéneros del drama, sin embargo la composición de Dante no tiene la estructura formal de ese género; lo que sucede que en la época en la que escribe el poeta florentino se ponía mayor atención al contenido, para dictaminar la pertenencia a un género determinado, que a la forma. Es así que para que una obra fuera considerada "comedia" debía comenzar en la tristeza y terminar en alegría y, evidentemente, el viaje del personaje central comienza en un momento de dolor, perdido en la "selva oscura", para luego de diversas pruebas, terminar en la mayor de las felicidades: ver a Dios y obtener la salvación de su alma.
Generalmente se ubica la composición de La Divina Comedia en los últimos y más dolorosos años de Dante, los del exilio, que habrían provocado una reflexión y revisión profunda en su propia historia, aunque otras hipótesis sostienen que el plan general y los siete primeros cantos pertenecen a una época anterior. De todos modos toda la crítica coincide en que el "Infierno" habría sido terminado alrededor de 1308, el "Purgatorio" hacia 1313 y el "Paraíso" poco antes de su muerte.
Si leemos la Comedia y nos quedamos simplemente en lo literal tendremos que es la narración de un viaje realizado por su propio autor, Dante, que asume pues las condiciones de narrador y personaje, por los tres reinos de ultratumba, infierno, purgatorio y paraíso, según eran concebidos por la Iglesia de la época. La obra comienza con el personaje central perdido en la "selva oscura" (el pecado) y acorralado por tres fieras que le impiden la salida de ese paraje; gracias a la intervención de la sombra de Virgilio, poeta latino, emprenderá el viaje que lo sacará de esta situación primera, y en cuyo recorrido verá los castigos eternos a los que son sometidas las almas de los condenados, los suplicios de aquellos que, habiéndose salvado aún deben someterse a un proceso de purificación y, por último, habiendo sido dejado por Virgilio que cede su lugar de guía a Beatriz, Dante verá la alegría de los bienaventurados, los que han logrado la salvación eterna.
La idea de localizar la acción de la obra en el espacio que se abre más allá de la muerte, no es original de Dante y ya en la época greco latina tenemos antecedentes en autores como Homero y Virgilio que hacen descender a sus personajes al Orco. En la Edad Media, más si tomamos en cuenta su permanente preocupación por lo ultraterreno, San Pablo, San Patricio y otros, dan cuenta de sus visiones del otro mundo. Dentro del plano de la narración, los cambios introducidos por Dante son el proponer la experiencia como algo real, un viaje y no una visión, y elegirse a sí mismo como protagonista. Dentro del plano de las ideas, una fuerza totalizadora que organiza el otro mundo según claras normas morales y la idea de perfeccionamiento del hombre que le conduce a la salvación, diferencian esta obra de las que le precedieron. Además, la posibilidad que tiene el autor florentino de comunicar todo este sistema de pensamiento a través de una inigualable poesía que une el desborde imaginativo con la precisión formal, hacen de la Divina Comedia, aún cuando es indudable que se inscribe en el plano de la tradición, se eleva por encima de ella.
Estructura formal: la obra está dividida en tres partes, denominadas cánticas y que responden, cada una de ellas, a los tres reinos en que la tradición cristiana considera está estructurado el más allá: Infierno, Purgatorio y Paraíso.
Cada cántica, a su vez, está dividida en treinta y tres cantos, excepto la primera que tiene treinta y cuatro, aunque la simetría no se resiente por ello, ya que el primer canto es considerado como una introducción general a la obra; esta estructura nos da un total de cien cantos. La extensión de cada parte respeta un plan muy estricto; los cantos oscilan entre los ciento quince versos y los ciento cincuenta y cuatro, y el número total de versos que componen las tres cánticas es el siguiente: El infierno suma cuatro mil setecientos veinte versos; el purgatorio, cuatro mil setecientos cincuenta y cinco; y el paraíso, cuatro mil ochocientos cincuenta y ocho, lo que nos da un total de catorce mil trescientos treinta y tres para el poema entero.
La obra está escrita en versos endecasílabos y la estrofa empleada es el terceto (terzina), donde coinciden el primero con el tercer verso, mientras que el segundo marca la rima para la terzina siguiente, de acuerdo a este esquema:
a b a - b c b - c d c. Cada tanto termina con un cuarteto para no dejar un verso suelto.
Toda esta estructura se basa en la utilización cabalística de ciertas cifras: el 3 es un número perfecto, el número de la Santísima Trinidad y de allí la reiteración de esa cifra en la estructura; el 9 es un número místico y sagrado, resulta de la multiplicación del 3 por sí mismo; el 33 también posee significado cabalístico en la medida que reitera el 3, del cual ya hablamos; el 1, la unidad representa la divinidad y, combinándose con los productos del 3 da otra serie de números que cobran otra significación, como el 10 (3 x 3 + 1), y el 100 (33 x 3 + 1). Tres son las cánticas y cada una, como ya se explicó, contiene 33 cantos; el total es de 100 cantos, 33 x 3 + 1, las estrofas son tercetos y cada rima es repetida tres veces.
Esta forma externa tan elaborada se corresponde, obviamente, a una especial manera de pensamiento, el medieval, acostumbrado a desarrollarse en moldes estrictos y significativos de por sí, y no afecta el contenido sino que, por el contrario, le permite desarrollarse plenamente, aún en aquello que anuncia el Renacimiento.
Los tres reinos:
Antes de ir a lo estrictamente literario conviene primero resumir la idea que tenía Dante de la tierra y su posición en el universo; para el poeta, y según el sistema de Tolomeo, nuestro planeta está inmóvil en el centro del mundo, y a su alrededor giran las esferas celestes en las que están suspendidos el sol, los planetas y las estrellas. Los puntos cardinales, a los efectos del poema son: al norte, Jerusalem sobre el gran abismo del infierno; al sur, en posición diametralmente opuesta, la montaña del purgatorio; al este el Ganges; al oeste el estrecho de Gibraltar o columnas de Hércules. El infierno y el purgatorio están, pues, en la Tierra, el uno en forma de cono invertido que llega hasta el centro mismo, y el otro en forma de montaña altísima en cuya cúspide está el paraíso terrenal.
El Infierno: guiado por Virgilio, Dante llega al infierno, gigantesco embudo, como ya dijimos, en cuyo vértice está el mismo Lucifer. Es en el canto III donde se ingresa a este reino y la inscripción en su puerta nos dará las características fundamentales del mismo: la ciudad del dolor eterno habitada por la gente perdida; ninguna esperanza de perdón o reconciliación pueden albergar los que allí pagan su culpa.
Físicamente este mundo está dividido en nueve círculos en los que se ubican las almas pecadoras de acuerdo a determinadas normas; cuanto más abajo, menor será el espacio y mayor la culpa y el castigo. Esta división espacial se corresponde con una estratificación moral: siguiendo la distinción aristotélica de las tres disposiciones viciosas del alma humana, incontinencia, bestialidad y malicia, Dante agrupa dentro de la primera a los lujuriosos, glotones, avaros y pródigos e iracundos; dentro de la tendencia a la "bestialidad" coloca a los herejes y violentos, para terminar con los maliciosos que incluyen a los traidores y fraudulentos. Es de destacar como el mayor grado de racionalidad, que implica un pecado para concretarse agrava la culpa, los habitantes de los primeros círculos no hicieron otra cosa que dejarse dominar por pasiones inherentes a la esencia humana, mientras que los últimos utilizaron su capacidad intelectual para hacer el mal.
Vestíbulo: Cobardes
1er Círculo: (Limbo) No bautizados
2do Círculo: Lujuriosos
3er Círculo: Glotones Incontinentes
4to Círculo: Avaros y pródigos
5to Círculo: Irascibles y taciturnos
6to Círculo: Heréticos
7mo Círculo:
1- Violentos contra el prójimo
2- Violentos contra sí mismos Violentos
3- Violentos contra Dios, la naturaleza
y el arte
8vo Círculo:
1- Rufianes y seductores
2- Aduladores y alcahuetes
3- Simoníacos
4- Adivinos
5- Concusionarios Defraudadores
6- Hipócritas
7- Ladrones
8- Consejeros pérfidos
9- Sembradores de discordia
10 - Falsarios
9no Círculo:
1- Traidores contra sus parientes
2- Traidores contra su patria Traidores
3- Traidores contra sus huéspedes
4- Traidores contra sus bienhechores
La oscuridad, reflejo físico de la condición moral del alma de los condenados, domina este mundo, este "aire sin estrellas" que se hace más alucinante en la medida que se llena de gritos de dolor y terribles blasfemias, expresión de ira y la impotencia de las almas pecadoras ante la justicia divina. Es este el reino donde el recuerdo de la tierra está más presente, no sólo a través de las vivencias de cada uno de los que allí habitan, sino de la indiscutible "corporeidad" que asumen las almas. Fijos en su pecado, se muestran generalmente ansiosos de contar su historia.
Una rica escenografía será el marco y muchas veces el agente de los más terribles castigos; puertas, tumbas, murallas, torres y castillos son algunos de los elementos arquitectónicos que se mencionan; ríos, pantanos, lagunas y lagos, viento, granizo, se integran al mundo infernal, habitado no sólo por almas sino también por gusanos, perros o serpientes que colaboran con la función de los demonios, extraídos muchos de ellos del mundo mitológico grecolatino; en el vértice mismo del cono, Lucifer, el ángel caído, concentra en su figura el terror del infierno.
Nada se deja librado al azar en esta perfecta arquitectura del más allá, y el castigo tendrá una evidente relación con la culpa, esta relación puede ser de similitud, como el caso de los lujuriosos, arrastrados por la eternidad por el viento, como en vida se dejaron arrastrar por la pasión, o los suicidas, que habiendo atentado contra su cuerpo se ven obligados a renunciar a él; o de oposición a la culpa, como el caso de los "indiferentes", que no habiendo hecho una opción en vida se ven obligados ahora a experimentar el acicate de los moscones y las avispas y a correr detrás de una bandera sin distintivos.
Todos estos castigos cobran su verdadera dimensión a través de dos condiciones de mayor abstracción: son eternos, o sea que el condenado no tiene ninguna esperanza de que cesen, y no tienen otra significación que la del dolor que ellos producen, ya que se repetirán idénticamente por siempre, sin que sirvan para disminuir la culpa. Estas serán las características esenciales que separarán este reino del siguiente.
El Purgatorio: el peregrino, acompañado por su guía, llegó, en el canto XXXIV del infierno, a contemplar lo más profundo de la degradación espiritual y, desde allí, comenzará a ascender, paso a paso, hacia la perfección. El purgatorio, reino también ubicado en la tierra y en el que las almas sufren tormentos similares a los infernales, es, sin embargo el reino de la esperanza, en la medida que los que allí habitan ya se han salvado, aspiran con certeza a ver a Dios, y el sufrimiento es para ellos una vía de purificación que acelerará este tránsito a la gloria.
Convencidos ya de la vanidad de las cosas terrenas, aspirando a gozar la gloria, las almas se hacen aquí menos corpóreas, más puras en su calidad de espíritus, y su registro emotivo deja de lado la violencia pasional de las almas infernales para teñirse de dulce melancolía. Los gritos son sustituidos por el canto y, en particular por el canto a coro; en el infierno las almas están encerradas en su individualidad, aquí, unidas en el amor, trascienden sus límites para unirse en la alabanza al creador. Los demonios son sustituidos por visiones angélicas que hablan de la proximidad del Paraíso.
Geográficamente el purgatorio se ubica en una isla inaccesible del hemisferio austral, en las antípodas de Jerusalem. Concebido como una montaña trunca, está dividido en tres zonas: en la base una zona rocosa, de difícil acceso: el Antepurgatorio; en el cuerpo del monte, el Purgatorio propiamente dicho, dividido a su vez en siete terrazas donde el alma se purifica de los siete pecados capitales (soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria); y por fin, en la cúspide, una planicie que es el Paraíso terrestre.
En este círculo termina la función encomendada a Virgilio, al que está vedado entrar en el reino de los bienaventurados. En la etapa intermedia del paraíso terrenal (Cantos XXVIII a XXXIII), Virgilio desaparece del lado de Dante, y, ante los asombrados ojos de este, aparece Beatriz, símbolo de la Teología o la Gracia Divina, únicas guías posibles para caminar por el paraíso.
El Paraíso: del Paraíso terrenal, Dante asciende al paraíso verdadero atravesando, con la guía de Beatriz, los nueve cielos, esferas concéntricas luminosas y transparentes, sobre las cuales está el cielo empíreo, fijo, sede del mismo Dios, y en torno a él, las jerarquías celestiales y la rosa de los bienaventurados, iluminada directamente por el propio Señor de la creación.
Los nueve cielos son:
1- Cielo de la Luna: Cantos I al IV, donde se ubican los espíritus que quebrantaron sus votos;
2- Cielo de Mercurio: Cantos V al VIII, ubicación de los espíritus activos y bienhechores;
3- Cielo de Venus: Cantos VIII y IX, ubicación de espíritus amantes;
4- Cielo del Sol: Cantos X al XIII, ubicación de espíritus de teólogos y doctores;
5- Cielo de Marte: Cantos XIV al XVII, ubicación de los espíritus que combatieron por la fe;
6- Cielo de Júpiter: Cantos XVIII al XX, ubicación de los espíritus de justos y sabios;
7- Cielo de Saturno: Cantos XXI y XXII, ubicación de los espíritus contemplativos;
8- Cielo de las Estrellas: Cantos XXIII al XXVI, ubicación de los espíritus triunfantes;
9- Cielo Cristalino: Cantos XXVII a XXXIII, ubicación del Empíreo donde está Dios iluminando la rosa de los Bienaventurados y rodeado de nueve círculos de jerarquías angélicas que son: ángeles arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines.
El criterio utilizado por el autor para colocar las almas en las distintas esferas no está, a diferencia de las cánticas anteriores, explicitado en la obra, y la crítica ha fracasado en diversos intentos realizados pretendiendo aclarar este punto; lo único obvio es que cuanto más cerca de Dios se encuentre el alma, más perfecta es.
Este es el reino del espíritu absolutamente liberado de la carne, el reino de la contemplación y de la más absoluta alegría emanada de la visión de Dios: las almas nada lamentan de lo terreno, nada ansían, están completas en si mismas. Esta realidad paradisíaca es la máxima dificultad poética de Dante, que procura recrear, mediante una creación tan humana como la palabra, el mundo de realidades absolutas. Las almas son pura luz y puro amor y de allí que los trazos particulares se disuelvan en mística unión; los elementos terrestres que reaparecen en este reino son sólo imagen de aquello que intentan trasmitir. Lanzado a la contemplación de la unidad misma de Dios, Dante exclama: "¡Oh cuán insuficiente es la palabra y cómo es débil para expresar mi concepto!", y ese sentimiento puede hacerse extensivo a toda la cántica.
El poema concluye con la palabra "estrellas", que es la misma con que concluyen el Purgatorio y el Infierno; una muestra más de simetría exterior que se corresponde con la ordenada arquitectura interna.
Posibles lecturas del texto:
Para Dante, que sigue la teoría medieval de la interpretación de los textos, todo enunciado tiene cuatro sentidos: literal, alegórico, tropológico o moral y anagógico.
El sentido literal no es otro que el que expresa la palabra en su sentido más directo; desde este ángulo la obra no es más que la narración de un viaje por los reinos de ultratumba.
Goëthe (poeta alemán), nos puede brindar una ayuda en cuanto a lo que implica una lectura en el segundo sentido: "Hay una gran diferencia entre el poeta que busca lo particular con miras a lo general y el que ve lo general en lo particular. El primero da nacimiento a la alegoría, donde lo particular vale únicamente como ejemplo de lo general". La palabra se llena así de significaciones nuevas, que la trascienden, y Dante se convertirá así en el camino de purificación que debe seguir la misma para alcanzar la eterna salvación. El poeta es conciente de esta posibilidad de su obra y, en el Paraíso se hace decir por su tatarabuelo Cacciaguida: "Saca a plena luz tu visión, y deja que se rasguen aquellos que tienen sarna. Pues tu voz, si puede parecerles amarga al primer paladeo, una vez digerida les proporcionará alimento de vida..." (Paraíso, Canto XVII).
Más difícil de deslindar se nos presenta el sentido moral y anagógico de la obra; el primero de los mencionados se refiere a la misión edificante que cumple el texto, mientras que anagogía, en teología, es la elevación del alma a Dios, y por extensión, la revelación de un misterio eterno. Ambos planos tienen muchísimos puntos de contacto y por tanto, nos limitaremos a decir que la Divina Comedia insiste en el tema moral, planteando la universalidad de la justicia divina que, si bien es dura cuando castiga, ofrece siempre al hombre la posibilidad de salvación guiado por dos fuerzas, una natural, la razón, otra otorgada directamente por Dios: la gracia.
La Comedia, conocida desde el siglo XVI bajo el título de "La Divina Comedia", es un extenso poema escrito por Dante en lengua vulgar, abarcando un total de 14.333 versos, obra máxima de la literatura italiana y cuyas primeras ediciones se remontan a 1472.
Al dedicar su obra al jefe gibelino de Verona, Cangrande della Scala, Dante escribió: "Incipit Comedia Dantis Alighieri florentini, natione non moribus" (Aquí comienza la Comedia de Dante Alighieri, florentino de origen pero no de costumbres), lo que muestra bien a las claras que el autor denominó únicamente "Comedia" a su obra; fueron sus admiradores posteriores los que agregan el calificativo de "Divina" refiriéndose a su calidad estética así como a su sustancia religiosa; se atribuye a Bocaccio la inclusión de este adjetivo, quizás por ser él el primer titular de la cátedra abierta en Florencia cuyo único objetivo era profundizar en la dantesca, pero de hecho este escritor ya recibe la obra con el título que le impuso la tradición. "Comedia" es uno de los subgéneros del drama, sin embargo la composición de Dante no tiene la estructura formal de ese género; lo que sucede que en la época en la que escribe el poeta florentino se ponía mayor atención al contenido, para dictaminar la pertenencia a un género determinado, que a la forma. Es así que para que una obra fuera considerada "comedia" debía comenzar en la tristeza y terminar en alegría y, evidentemente, el viaje del personaje central comienza en un momento de dolor, perdido en la "selva oscura", para luego de diversas pruebas, terminar en la mayor de las felicidades: ver a Dios y obtener la salvación de su alma.
Generalmente se ubica la composición de La Divina Comedia en los últimos y más dolorosos años de Dante, los del exilio, que habrían provocado una reflexión y revisión profunda en su propia historia, aunque otras hipótesis sostienen que el plan general y los siete primeros cantos pertenecen a una época anterior. De todos modos toda la crítica coincide en que el "Infierno" habría sido terminado alrededor de 1308, el "Purgatorio" hacia 1313 y el "Paraíso" poco antes de su muerte.
Si leemos la Comedia y nos quedamos simplemente en lo literal tendremos que es la narración de un viaje realizado por su propio autor, Dante, que asume pues las condiciones de narrador y personaje, por los tres reinos de ultratumba, infierno, purgatorio y paraíso, según eran concebidos por la Iglesia de la época. La obra comienza con el personaje central perdido en la "selva oscura" (el pecado) y acorralado por tres fieras que le impiden la salida de ese paraje; gracias a la intervención de la sombra de Virgilio, poeta latino, emprenderá el viaje que lo sacará de esta situación primera, y en cuyo recorrido verá los castigos eternos a los que son sometidas las almas de los condenados, los suplicios de aquellos que, habiéndose salvado aún deben someterse a un proceso de purificación y, por último, habiendo sido dejado por Virgilio que cede su lugar de guía a Beatriz, Dante verá la alegría de los bienaventurados, los que han logrado la salvación eterna.
La idea de localizar la acción de la obra en el espacio que se abre más allá de la muerte, no es original de Dante y ya en la época greco latina tenemos antecedentes en autores como Homero y Virgilio que hacen descender a sus personajes al Orco. En la Edad Media, más si tomamos en cuenta su permanente preocupación por lo ultraterreno, San Pablo, San Patricio y otros, dan cuenta de sus visiones del otro mundo. Dentro del plano de la narración, los cambios introducidos por Dante son el proponer la experiencia como algo real, un viaje y no una visión, y elegirse a sí mismo como protagonista. Dentro del plano de las ideas, una fuerza totalizadora que organiza el otro mundo según claras normas morales y la idea de perfeccionamiento del hombre que le conduce a la salvación, diferencian esta obra de las que le precedieron. Además, la posibilidad que tiene el autor florentino de comunicar todo este sistema de pensamiento a través de una inigualable poesía que une el desborde imaginativo con la precisión formal, hacen de la Divina Comedia, aún cuando es indudable que se inscribe en el plano de la tradición, se eleva por encima de ella.
Estructura formal: la obra está dividida en tres partes, denominadas cánticas y que responden, cada una de ellas, a los tres reinos en que la tradición cristiana considera está estructurado el más allá: Infierno, Purgatorio y Paraíso.
Cada cántica, a su vez, está dividida en treinta y tres cantos, excepto la primera que tiene treinta y cuatro, aunque la simetría no se resiente por ello, ya que el primer canto es considerado como una introducción general a la obra; esta estructura nos da un total de cien cantos. La extensión de cada parte respeta un plan muy estricto; los cantos oscilan entre los ciento quince versos y los ciento cincuenta y cuatro, y el número total de versos que componen las tres cánticas es el siguiente: El infierno suma cuatro mil setecientos veinte versos; el purgatorio, cuatro mil setecientos cincuenta y cinco; y el paraíso, cuatro mil ochocientos cincuenta y ocho, lo que nos da un total de catorce mil trescientos treinta y tres para el poema entero.
La obra está escrita en versos endecasílabos y la estrofa empleada es el terceto (terzina), donde coinciden el primero con el tercer verso, mientras que el segundo marca la rima para la terzina siguiente, de acuerdo a este esquema:
a b a - b c b - c d c. Cada tanto termina con un cuarteto para no dejar un verso suelto.
Toda esta estructura se basa en la utilización cabalística de ciertas cifras: el 3 es un número perfecto, el número de la Santísima Trinidad y de allí la reiteración de esa cifra en la estructura; el 9 es un número místico y sagrado, resulta de la multiplicación del 3 por sí mismo; el 33 también posee significado cabalístico en la medida que reitera el 3, del cual ya hablamos; el 1, la unidad representa la divinidad y, combinándose con los productos del 3 da otra serie de números que cobran otra significación, como el 10 (3 x 3 + 1), y el 100 (33 x 3 + 1). Tres son las cánticas y cada una, como ya se explicó, contiene 33 cantos; el total es de 100 cantos, 33 x 3 + 1, las estrofas son tercetos y cada rima es repetida tres veces.
Esta forma externa tan elaborada se corresponde, obviamente, a una especial manera de pensamiento, el medieval, acostumbrado a desarrollarse en moldes estrictos y significativos de por sí, y no afecta el contenido sino que, por el contrario, le permite desarrollarse plenamente, aún en aquello que anuncia el Renacimiento.
Los tres reinos:
Antes de ir a lo estrictamente literario conviene primero resumir la idea que tenía Dante de la tierra y su posición en el universo; para el poeta, y según el sistema de Tolomeo, nuestro planeta está inmóvil en el centro del mundo, y a su alrededor giran las esferas celestes en las que están suspendidos el sol, los planetas y las estrellas. Los puntos cardinales, a los efectos del poema son: al norte, Jerusalem sobre el gran abismo del infierno; al sur, en posición diametralmente opuesta, la montaña del purgatorio; al este el Ganges; al oeste el estrecho de Gibraltar o columnas de Hércules. El infierno y el purgatorio están, pues, en la Tierra, el uno en forma de cono invertido que llega hasta el centro mismo, y el otro en forma de montaña altísima en cuya cúspide está el paraíso terrenal.
El Infierno: guiado por Virgilio, Dante llega al infierno, gigantesco embudo, como ya dijimos, en cuyo vértice está el mismo Lucifer. Es en el canto III donde se ingresa a este reino y la inscripción en su puerta nos dará las características fundamentales del mismo: la ciudad del dolor eterno habitada por la gente perdida; ninguna esperanza de perdón o reconciliación pueden albergar los que allí pagan su culpa.
Físicamente este mundo está dividido en nueve círculos en los que se ubican las almas pecadoras de acuerdo a determinadas normas; cuanto más abajo, menor será el espacio y mayor la culpa y el castigo. Esta división espacial se corresponde con una estratificación moral: siguiendo la distinción aristotélica de las tres disposiciones viciosas del alma humana, incontinencia, bestialidad y malicia, Dante agrupa dentro de la primera a los lujuriosos, glotones, avaros y pródigos e iracundos; dentro de la tendencia a la "bestialidad" coloca a los herejes y violentos, para terminar con los maliciosos que incluyen a los traidores y fraudulentos. Es de destacar como el mayor grado de racionalidad, que implica un pecado para concretarse agrava la culpa, los habitantes de los primeros círculos no hicieron otra cosa que dejarse dominar por pasiones inherentes a la esencia humana, mientras que los últimos utilizaron su capacidad intelectual para hacer el mal.
Vestíbulo: Cobardes
1er Círculo: (Limbo) No bautizados
2do Círculo: Lujuriosos
3er Círculo: Glotones Incontinentes
4to Círculo: Avaros y pródigos
5to Círculo: Irascibles y taciturnos
6to Círculo: Heréticos
7mo Círculo:
1- Violentos contra el prójimo
2- Violentos contra sí mismos Violentos
3- Violentos contra Dios, la naturaleza
y el arte
8vo Círculo:
1- Rufianes y seductores
2- Aduladores y alcahuetes
3- Simoníacos
4- Adivinos
5- Concusionarios Defraudadores
6- Hipócritas
7- Ladrones
8- Consejeros pérfidos
9- Sembradores de discordia
10 - Falsarios
9no Círculo:
1- Traidores contra sus parientes
2- Traidores contra su patria Traidores
3- Traidores contra sus huéspedes
4- Traidores contra sus bienhechores
La oscuridad, reflejo físico de la condición moral del alma de los condenados, domina este mundo, este "aire sin estrellas" que se hace más alucinante en la medida que se llena de gritos de dolor y terribles blasfemias, expresión de ira y la impotencia de las almas pecadoras ante la justicia divina. Es este el reino donde el recuerdo de la tierra está más presente, no sólo a través de las vivencias de cada uno de los que allí habitan, sino de la indiscutible "corporeidad" que asumen las almas. Fijos en su pecado, se muestran generalmente ansiosos de contar su historia.
Una rica escenografía será el marco y muchas veces el agente de los más terribles castigos; puertas, tumbas, murallas, torres y castillos son algunos de los elementos arquitectónicos que se mencionan; ríos, pantanos, lagunas y lagos, viento, granizo, se integran al mundo infernal, habitado no sólo por almas sino también por gusanos, perros o serpientes que colaboran con la función de los demonios, extraídos muchos de ellos del mundo mitológico grecolatino; en el vértice mismo del cono, Lucifer, el ángel caído, concentra en su figura el terror del infierno.
Nada se deja librado al azar en esta perfecta arquitectura del más allá, y el castigo tendrá una evidente relación con la culpa, esta relación puede ser de similitud, como el caso de los lujuriosos, arrastrados por la eternidad por el viento, como en vida se dejaron arrastrar por la pasión, o los suicidas, que habiendo atentado contra su cuerpo se ven obligados a renunciar a él; o de oposición a la culpa, como el caso de los "indiferentes", que no habiendo hecho una opción en vida se ven obligados ahora a experimentar el acicate de los moscones y las avispas y a correr detrás de una bandera sin distintivos.
Todos estos castigos cobran su verdadera dimensión a través de dos condiciones de mayor abstracción: son eternos, o sea que el condenado no tiene ninguna esperanza de que cesen, y no tienen otra significación que la del dolor que ellos producen, ya que se repetirán idénticamente por siempre, sin que sirvan para disminuir la culpa. Estas serán las características esenciales que separarán este reino del siguiente.
El Purgatorio: el peregrino, acompañado por su guía, llegó, en el canto XXXIV del infierno, a contemplar lo más profundo de la degradación espiritual y, desde allí, comenzará a ascender, paso a paso, hacia la perfección. El purgatorio, reino también ubicado en la tierra y en el que las almas sufren tormentos similares a los infernales, es, sin embargo el reino de la esperanza, en la medida que los que allí habitan ya se han salvado, aspiran con certeza a ver a Dios, y el sufrimiento es para ellos una vía de purificación que acelerará este tránsito a la gloria.
Convencidos ya de la vanidad de las cosas terrenas, aspirando a gozar la gloria, las almas se hacen aquí menos corpóreas, más puras en su calidad de espíritus, y su registro emotivo deja de lado la violencia pasional de las almas infernales para teñirse de dulce melancolía. Los gritos son sustituidos por el canto y, en particular por el canto a coro; en el infierno las almas están encerradas en su individualidad, aquí, unidas en el amor, trascienden sus límites para unirse en la alabanza al creador. Los demonios son sustituidos por visiones angélicas que hablan de la proximidad del Paraíso.
Geográficamente el purgatorio se ubica en una isla inaccesible del hemisferio austral, en las antípodas de Jerusalem. Concebido como una montaña trunca, está dividido en tres zonas: en la base una zona rocosa, de difícil acceso: el Antepurgatorio; en el cuerpo del monte, el Purgatorio propiamente dicho, dividido a su vez en siete terrazas donde el alma se purifica de los siete pecados capitales (soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria); y por fin, en la cúspide, una planicie que es el Paraíso terrestre.
En este círculo termina la función encomendada a Virgilio, al que está vedado entrar en el reino de los bienaventurados. En la etapa intermedia del paraíso terrenal (Cantos XXVIII a XXXIII), Virgilio desaparece del lado de Dante, y, ante los asombrados ojos de este, aparece Beatriz, símbolo de la Teología o la Gracia Divina, únicas guías posibles para caminar por el paraíso.
El Paraíso: del Paraíso terrenal, Dante asciende al paraíso verdadero atravesando, con la guía de Beatriz, los nueve cielos, esferas concéntricas luminosas y transparentes, sobre las cuales está el cielo empíreo, fijo, sede del mismo Dios, y en torno a él, las jerarquías celestiales y la rosa de los bienaventurados, iluminada directamente por el propio Señor de la creación.
Los nueve cielos son:
1- Cielo de la Luna: Cantos I al IV, donde se ubican los espíritus que quebrantaron sus votos;
2- Cielo de Mercurio: Cantos V al VIII, ubicación de los espíritus activos y bienhechores;
3- Cielo de Venus: Cantos VIII y IX, ubicación de espíritus amantes;
4- Cielo del Sol: Cantos X al XIII, ubicación de espíritus de teólogos y doctores;
5- Cielo de Marte: Cantos XIV al XVII, ubicación de los espíritus que combatieron por la fe;
6- Cielo de Júpiter: Cantos XVIII al XX, ubicación de los espíritus de justos y sabios;
7- Cielo de Saturno: Cantos XXI y XXII, ubicación de los espíritus contemplativos;
8- Cielo de las Estrellas: Cantos XXIII al XXVI, ubicación de los espíritus triunfantes;
9- Cielo Cristalino: Cantos XXVII a XXXIII, ubicación del Empíreo donde está Dios iluminando la rosa de los Bienaventurados y rodeado de nueve círculos de jerarquías angélicas que son: ángeles arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines.
El criterio utilizado por el autor para colocar las almas en las distintas esferas no está, a diferencia de las cánticas anteriores, explicitado en la obra, y la crítica ha fracasado en diversos intentos realizados pretendiendo aclarar este punto; lo único obvio es que cuanto más cerca de Dios se encuentre el alma, más perfecta es.
Este es el reino del espíritu absolutamente liberado de la carne, el reino de la contemplación y de la más absoluta alegría emanada de la visión de Dios: las almas nada lamentan de lo terreno, nada ansían, están completas en si mismas. Esta realidad paradisíaca es la máxima dificultad poética de Dante, que procura recrear, mediante una creación tan humana como la palabra, el mundo de realidades absolutas. Las almas son pura luz y puro amor y de allí que los trazos particulares se disuelvan en mística unión; los elementos terrestres que reaparecen en este reino son sólo imagen de aquello que intentan trasmitir. Lanzado a la contemplación de la unidad misma de Dios, Dante exclama: "¡Oh cuán insuficiente es la palabra y cómo es débil para expresar mi concepto!", y ese sentimiento puede hacerse extensivo a toda la cántica.
El poema concluye con la palabra "estrellas", que es la misma con que concluyen el Purgatorio y el Infierno; una muestra más de simetría exterior que se corresponde con la ordenada arquitectura interna.
Posibles lecturas del texto:
Para Dante, que sigue la teoría medieval de la interpretación de los textos, todo enunciado tiene cuatro sentidos: literal, alegórico, tropológico o moral y anagógico.
El sentido literal no es otro que el que expresa la palabra en su sentido más directo; desde este ángulo la obra no es más que la narración de un viaje por los reinos de ultratumba.
Goëthe (poeta alemán), nos puede brindar una ayuda en cuanto a lo que implica una lectura en el segundo sentido: "Hay una gran diferencia entre el poeta que busca lo particular con miras a lo general y el que ve lo general en lo particular. El primero da nacimiento a la alegoría, donde lo particular vale únicamente como ejemplo de lo general". La palabra se llena así de significaciones nuevas, que la trascienden, y Dante se convertirá así en el camino de purificación que debe seguir la misma para alcanzar la eterna salvación. El poeta es conciente de esta posibilidad de su obra y, en el Paraíso se hace decir por su tatarabuelo Cacciaguida: "Saca a plena luz tu visión, y deja que se rasguen aquellos que tienen sarna. Pues tu voz, si puede parecerles amarga al primer paladeo, una vez digerida les proporcionará alimento de vida..." (Paraíso, Canto XVII).
Más difícil de deslindar se nos presenta el sentido moral y anagógico de la obra; el primero de los mencionados se refiere a la misión edificante que cumple el texto, mientras que anagogía, en teología, es la elevación del alma a Dios, y por extensión, la revelación de un misterio eterno. Ambos planos tienen muchísimos puntos de contacto y por tanto, nos limitaremos a decir que la Divina Comedia insiste en el tema moral, planteando la universalidad de la justicia divina que, si bien es dura cuando castiga, ofrece siempre al hombre la posibilidad de salvación guiado por dos fuerzas, una natural, la razón, otra otorgada directamente por Dios: la gracia.
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Literatura 5to año - La Divina Comedia
DIVINA COMEDIA
Dante debió de comenzar su obra maestra, la Divina Comedia, alrededor de 1307 y la concluyó probablemente poco antes de su muerte. Se trata de una narración alegórica en verso, de gran precisión y fuerza dramática, en la que se describe el imaginario viaje del poeta a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Está dividida en tres grandes secciones, que reciben su título de las tres etapas del recorrido. En cada uno de estos tres mundos Dante se va encontrando con personajes mitológicos, históricos o contemporáneos suyos, cada uno de los cuales simboliza un defecto o virtud, ya sea en el terreno de la política como en el de la religión. Así, los castigos o las recompensas que reciben por sus obras ilustran un esquema universal de valores morales. Durante su periplo a través del Infierno y el Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio, alabado por Dante como el representante máximo de la razón. Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación como el instrumento de la voluntad divina, lo guía a través del Paraíso.
Cada una de las secciones incluye 33 cantos, excepto la primera, que incluye uno más y sirve como introducción. Este extenso poema está escrito en terza rima, una estructura rimada cuya distribución es la siguiente: ABA BCB CDC... etc. (véase Versificación). La intención de Dante al componer este poema era llegar al mayor número posible de lectores, y por ello lo escribió en italiano, y no en latín. Lo tituló Commedia porque tiene un final feliz, en el Paraíso, al que llega al final de su viaje. El poeta puede por fin contemplar a Dios y siente cómo su propia voluntad se funde con la divina. Este adjetivo, divina, no apareció en el título hasta la edición de 1555, llevada a cabo por Ludovico Dolce.
La obra, que constituye un catálogo del pensamiento político, científico y filosófico de su tiempo, puede interpretarse en cuatro niveles: el literal, el alegórico, el moral y el místico. Ciertamente, es una impresionante dramatización de toda la teología cristiana medieval, pero, más allá de esta consideración, el viaje imaginario de Dante puede ser interpretado como una alegoría de la purificación del alma y de la consecución de la paz bajo la guía de la razón y el amor.
INFLUENCIA E INSPIRACIÓN
Ya en el siglo XV muchas ciudades italianas habían creado agrupaciones de especialistas dedicadas al estudio de la Divina Comedia. Durante los siglos que siguieron a la invención de la imprenta aparecieron más de 400 ediciones distintas sólo en Italia. La epopeya dantesca ha inspirado, además, a numerosos artistas, hasta el punto de que han aparecido ediciones ilustradas por los maestros italianos del renacimiento Sandro Botticelli y Miguel Ángel, por los artistas ingleses John Flaxman y William Blake, y por el ilustrador francés Gustave Doré. El compositor italiano Gioacchino Antonio Rossini y el alemán Robert Schumann pusieron música a algunos fragmentos del poema, y el húngaro Franz Liszt se inspiró en él para componer un poema sinfónico. El compositor contemporáneo italiano Luciano Berio también ha utilizado versos de Dante en su composición Laborintus II.
La Divina Comedia ha sido traducida a más de 25 idiomas. La primera edición en castellano fue la de Enrique de Villena, a principios del siglo XV, hoy perdida. De 1429 data una versión catalana, en verso, de Andreu Febrer, y en 1555 Pedro Fernández de Villegas tradujo el Infierno. Entre las versiones modernas al castellano destacan la de Cayetano Rosell (1871-1872); en verso, y muy difundida en su época fue la del conde de Cheste (1879) y la del argentino Bartolomé Mitre (1894), también en verso. En catalán sobresalen la de Jacint Verdaguer (1879) y la de Sagarra (1950-1952).
La influencia de Dante en la literatura española de los siglos XV y XVI fue muy importante, a partir, sobre todo, de la obra de Juan de Mena El laberinto de Fortuna o Las trescientas, terminada en 1444.
Dante debió de comenzar su obra maestra, la Divina Comedia, alrededor de 1307 y la concluyó probablemente poco antes de su muerte. Se trata de una narración alegórica en verso, de gran precisión y fuerza dramática, en la que se describe el imaginario viaje del poeta a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Está dividida en tres grandes secciones, que reciben su título de las tres etapas del recorrido. En cada uno de estos tres mundos Dante se va encontrando con personajes mitológicos, históricos o contemporáneos suyos, cada uno de los cuales simboliza un defecto o virtud, ya sea en el terreno de la política como en el de la religión. Así, los castigos o las recompensas que reciben por sus obras ilustran un esquema universal de valores morales. Durante su periplo a través del Infierno y el Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio, alabado por Dante como el representante máximo de la razón. Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación como el instrumento de la voluntad divina, lo guía a través del Paraíso.
Cada una de las secciones incluye 33 cantos, excepto la primera, que incluye uno más y sirve como introducción. Este extenso poema está escrito en terza rima, una estructura rimada cuya distribución es la siguiente: ABA BCB CDC... etc. (véase Versificación). La intención de Dante al componer este poema era llegar al mayor número posible de lectores, y por ello lo escribió en italiano, y no en latín. Lo tituló Commedia porque tiene un final feliz, en el Paraíso, al que llega al final de su viaje. El poeta puede por fin contemplar a Dios y siente cómo su propia voluntad se funde con la divina. Este adjetivo, divina, no apareció en el título hasta la edición de 1555, llevada a cabo por Ludovico Dolce.
La obra, que constituye un catálogo del pensamiento político, científico y filosófico de su tiempo, puede interpretarse en cuatro niveles: el literal, el alegórico, el moral y el místico. Ciertamente, es una impresionante dramatización de toda la teología cristiana medieval, pero, más allá de esta consideración, el viaje imaginario de Dante puede ser interpretado como una alegoría de la purificación del alma y de la consecución de la paz bajo la guía de la razón y el amor.
INFLUENCIA E INSPIRACIÓN
Ya en el siglo XV muchas ciudades italianas habían creado agrupaciones de especialistas dedicadas al estudio de la Divina Comedia. Durante los siglos que siguieron a la invención de la imprenta aparecieron más de 400 ediciones distintas sólo en Italia. La epopeya dantesca ha inspirado, además, a numerosos artistas, hasta el punto de que han aparecido ediciones ilustradas por los maestros italianos del renacimiento Sandro Botticelli y Miguel Ángel, por los artistas ingleses John Flaxman y William Blake, y por el ilustrador francés Gustave Doré. El compositor italiano Gioacchino Antonio Rossini y el alemán Robert Schumann pusieron música a algunos fragmentos del poema, y el húngaro Franz Liszt se inspiró en él para componer un poema sinfónico. El compositor contemporáneo italiano Luciano Berio también ha utilizado versos de Dante en su composición Laborintus II.
La Divina Comedia ha sido traducida a más de 25 idiomas. La primera edición en castellano fue la de Enrique de Villena, a principios del siglo XV, hoy perdida. De 1429 data una versión catalana, en verso, de Andreu Febrer, y en 1555 Pedro Fernández de Villegas tradujo el Infierno. Entre las versiones modernas al castellano destacan la de Cayetano Rosell (1871-1872); en verso, y muy difundida en su época fue la del conde de Cheste (1879) y la del argentino Bartolomé Mitre (1894), también en verso. En catalán sobresalen la de Jacint Verdaguer (1879) y la de Sagarra (1950-1952).
La influencia de Dante en la literatura española de los siglos XV y XVI fue muy importante, a partir, sobre todo, de la obra de Juan de Mena El laberinto de Fortuna o Las trescientas, terminada en 1444.
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